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Aventura anónima

Cuando era más pequeño, me quedaba algunos fines de semana en casa de mi abuela, que era donde vivía mi padre. También pasaba un mes en verano con ellos. Mis pasatiempos favoritos eran jugar y ver la televisión. Entre los diez y los quince, me obsesioné especialmente por el cine, por el que siempre había sentido un gran entusiasmo.  No recuerdo cuál fue la primera vez que fui al mercadillo de la estación, pero cuando lo descubrí iba siempre que podía. Mi prioridad era comprar películas de vídeo, por las que aún siento una indescriptible nostalgia y ternura. También compraba otras cosas, pero las cintas eran la prioridad. Así, hice una gran colección de películas.  Una de las veces encontré una que me llamó la atención por su aspecto. Solía hacer mucho calor. Yo me ponía a registrar en las cajas y en los mostradores, porque solían estar amontonadas en columnas. La película se llamaba Cuando llega la noche y me sedujo la portada. Siempre me habían gustado las panorám...

Marte

Estoy francamente impresionado por el cambio que ha experimentado el imaginario de las películas sobre el espacio. Parece que, con todo el revuelo positivista que hay montado en los medios de comunicación y la sociedad en general, va camino de convertirse en otro subgénero fílmico: el drama espacial.  Hablo de la nueva peli de Ridley Scott, The Martian.  En esta ocasión, el héroe mitológico (a su vez, líder espiritual) es apartado violentamente de la sociedad y desde un principio vemos la contraposición de dos mundos: el mundo físico y tangible, el mundo cotidiano y el mundo de Marte, inhóspito, peligroso, completamente apartado, prácticamente inexistente o inaccesible (el Futuro, lo desconocido).  El estertor de Robinson Crusoe, idealización del hombre solitario y pragmático, que lucha por sobrevivir (y que personifica a su vez los ideales de la sociedad civilizada) es claro desde el principio. Se puede resaltar la importancia aparente que se le da a la resol...

Muerte y renacer de la inocencia

Como si me hubieran guiado ángeles o musas, por medio de mis acciones y hallazgos, un vídeo ocupa de nuevo el salón de mi casa. He visto algunas películas estos días. Quizá somos más repetitivos y rutinarios de lo que podemos reconocer. Mientras vive, el hombre no deja de ser un animal de costumbres, sin importar tanto lo que descubra, crea o quiera descubrir.  He visto Pret-a-porter y me ha resultado muy grata y fácil de ver. La manera en que Robert Altman retrata al ser humano, maniático, insoportable, déspota y ridículo, me encanta, aunque sepa que, a pesar de inflar su obra con contenido superfluo, en este caso sobre la moda y la vanidad de la alta sociedad internacional en la capital francesa, con toda su pompa y extravagancia, no pasa de ser un siervo descendiente de Aristófanes y Molière.  Los personajes se van desnudando poco a poco y el autor insinúa que, más que desprecio, debemos sentir admiración y compasión por estos personajes, personajillos, al fin ...

Protector

Antes de cumplir los 10 años había oído hablar de El guardaespaldas . Era una película icónica en los 90, como Pretty woman u otras por el estilo. Ahora, con internet todo es menos misterioso. Al menos, debería serlo. Cuando la vi me gustó mucho. El personaje de Farmer me pareció magnético. Su seriedad, frialdad y diligencia. En un universo regido por la apariencia, el desorden superficial y la estupidez, él cumple el rol de héroe discreto, muy eficaz, sin afán de gloria o reconocimiento y, sobre todo, sereno. Es el poder del cine. Uno llega a creer lo imposible a través de él, como en el arte, en general. La vida no es tan romántica. Por eso nos rodean esas alabanzas, esas apologías a la idealización de los sentimientos. Esos ritos fraudulentos que nos demuestran que la infancia, en realidad, no termina. Sólo se hace más sofisticada. Precisamente, meditaba hoy sobre la pureza de mi voluntad. Quizá sea cierto que mi voluntad no sea pura, sino sólo un reflejo de mis sentimientos c...