Protector
Antes de cumplir los 10 años había oído hablar de El guardaespaldas. Era una película icónica en los 90, como Pretty woman u otras por el estilo. Ahora, con internet todo es menos misterioso. Al menos, debería serlo. Cuando la vi me gustó mucho. El personaje de Farmer me pareció magnético. Su seriedad, frialdad y diligencia.
En un universo regido por la apariencia, el desorden superficial y la estupidez, él cumple el rol de héroe discreto, muy eficaz, sin afán de gloria o reconocimiento y, sobre todo, sereno. Es el poder del cine. Uno llega a creer lo imposible a través de él, como en el arte, en general. La vida no es tan romántica. Por eso nos rodean esas alabanzas, esas apologías a la idealización de los sentimientos. Esos ritos fraudulentos que nos demuestran que la infancia, en realidad, no termina. Sólo se hace más sofisticada.
Precisamente, meditaba hoy sobre la pureza de mi voluntad. Quizá sea cierto que mi voluntad no sea pura, sino sólo un reflejo de mis sentimientos conocidos y desconocidos, confusos, llenos de tristeza, ira, felicidad. La cuestión es que la película me gustó fundamentalmente por el personaje. Lo demás era excesivo y superfluo. Él se mantenía en su línea y eso me encantaba.
Me gusta el héroe en cualquiera de sus facetas. Sé que es una exageración que siempre acierte, que no se equivoque y que nos salve a todos, pero es atractivo. Atrapa. En la de León, el profesional, vería un tipo de personaje muy similar, también diligente y eficaz, a la par de discreto. Esa elegancia del héroe profesional anónimo.
Me pareció que el carisma de Farmer superaba y vencía el universo frívolo en que se veía obligado a moverse, como un Buda o un Krishna. Campbell, en sus estudios sobre el mito, muy esotéricos, decía que el héroe aceptaba el reto, la prueba, en un principio. Encontré, en su momento, que acertaba en todos los casos y que la estructura siempre se cumplía, como la que planteaba Propp. No hay invenciones en la ficción.
Me gustaba cómo abría su corazón y mostraba sus sentimientos, aunque el contexto fuera trillado y vi que cumplía perfectamente las expectativas del amante de los 90, no muy alejado del de los 50. Me gustaba imaginar la vida que no se veía del personaje, qué lo había llevado hasta allí y hecho ser así. Sugerir es lo más elegante.
Me gustaban sus ropas humildes, sus gestos de indiferencia y asco hacia las trivialidades y morbosidades que tenía que soportar. Además, tenía esa extraña cualidad de los líderes: llevar por el buen camino a los descarrilados que se cruzaban con él. Incluso su hybris parecía justo; cuando pierde, por ejemplo, los nervios con el sudamericano.
Es el héroe del oeste en la ciudad, cambiando unos pocos detalles. Me gustaba su puntería, su autodisciplina. Su austeridad y su discreta inteligencia para resolver problemas simples y complejos. Su gusto por lo oriental también me sedujo. Realmente, era un pack completo. El actor no necesitaba hacer gran cosa. Todo el personaje estaba ahí.
Su química con la estrella no era lo que más me gustaba, pero tampoco estaba tan mal. Ahora, que siento que todo está tan trillado y es tan asfixiante, no sé si la volveré a ver, pero suelo recaer en aquello que más me ha marcado profundamente. Es esa debilidad la que ha formado mi carácter. Me gustaba su cambio de humor extremo, cuando y como tenía que ser, sin suplicar, sin buscar el favor de los demás, sin rebajarse. Creo que pocos pueden permitirse esos lujos sin quedar en ridículo o perjudicarse. Por eso estos personajes pertenecen sólo a la ficción.
No sé si la volví a ver hace unos años. El tiempo pasa muy rápido. Con todos mis defectos como hombre, ser humano y ciudadano, me gustaría parecerme un poco a este ideal. Hay muchos otros, pero todos me parecen casi idénticos. En realidad, no buscaba aportar nada nuevo sobre la película. Sólo explayarme un poco y explicar por qué me gustaba. Intentar averiguar mejor por qué me marcó. Los gustos me siguen pareciendo algo misterioso, a pesar de los convencionalismos y el implacable deseo aristotélico de formalizar, determinar y "finalizar" el conocimiento humano. La realidad es que nos seguimos haciendo las mismas preguntas, a pesar de las respuestas más sofisticadas.
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