Crónica de una muerte digital
Acabo de ver la nueva película Backrooms. No he leído prácticamente nada al respecto y mis impresiones directas del presente las plasmaré aquí.
Tenemos un film de terror interesante, para los tiempos que corren, con diversas lecturas, cuestiones abiertas y una clara invitación a reflexionar sobre la actualidad. En especial sobre el mundo digital, sus peligros (como la soledad o la pérdida del contacto con la realidad). Es una opinión puramente personal.
A raíz de un mito de internet (no podemos vivir sin ellos) el autor centra la historia en el descubrimiento casual de un mundo paralelo. El salto al mundo mágico de Campbell (monomito) no dista mucho de sus antecesores (Alicia, Narnia, Harry Potter, Stargate...), es un tropo clásico. Tal vez indispensable. El encuentro con lo maravilloso. Lo extraordinario.
No dejaré nunca de preguntarme si somos nosotros mismos los que nos dejamos engañar o lo necesitamos. Abrimos la puerta. Lo que hay detrás nos supera.
Creo que no se ha trabajado demasiado bien en hilar la verosimilitud del descubrimiento, dentro de la historia. Lo que lo hace forzado, dramáticamente desequilibrado. Más propio de lo onírico.
Aplaudo la asfixiante atmósfera de los infinitos pasillos, salones y habitaciones. Todos diferentes. La multitud de estéticas aisladas, descuidadas (ruinas de otros tiempos, causas perdidas), tal vez abandonadas. Recrean la sensación de soledad y angustia que me parece querer transmitir su autor. Mash-up de lo que fue imperativo (de otro); hoy es un amasijo. Olvido.
Evoca, a mi parecer, ese mundo digital que queremos convertir en huida y simulacro de nuestro tiempo. Un mundo mejor. Un mundo feliz, que nunca llega o se cierra. Siempre hemos querido huir (el protagonista golpeando la televisión). Siempre hay que volver.
Hablemos del protagonista (primera parte). Pienso en su colapso emocional. Ya completamente embebido de su drama personal. Exponiendo abiertamente su desconexión con la realidad. Su falta de voluntad y capacidad de retornar. Y la inútil purga a la que lo expone su terapeuta (porque la verdad ha dejado de ser lo más importante).
Los entes digitales, no humanos, no sangran, no sienten como nosotros (porque no los vemos, desconocemos nuestro efecto sobre ellos en el mundo real, en sus vidas).
Ignoro si esto es lo que realmente quiso decir. Es lo que a mí me ha transmitido. Hacen falta más discursos como estos. Ese final gris e inconcluso. Vivir es gritar por dentro. Hacerse ruido. Señalar el hiato. Lo incompleto. El disfraz del absurdo. Hay muchos abismos. Algunos sólo pueden cruzarse.
La resignación de la psicóloga cuando se sabe presa, conejillo de indias. Por haber podido escapar de la vorágine digital. Viva. Aún ella misma. Digno caso de estudio. Lo extraño hoy en día es ser normal. Sobrevivir normal. Es ya la peripecia inútil? No para de reciclarse. Seremos cambio. La inmortalidad es una ficción.
Lo extraño es no romperse en pedazos y volcarse en un mundo ficticio. Hay convenciones y gestos familiares del género. Persecuciones, sustos. No creo que sea lo más importante. Controlar el misterio es imposible. También dejar de intentarlo.
El sistema te atrapa. Te vuelve sistema. No hay salida. Buscamos huida y la encontramos. Pero no dura mucho. Pronto debemos buscar otra nueva. La libertad es el tiempo que el sistema tarde en atraparte de nuevo. En (re)absorberte. Habrá más sistema. No hay nada fuera de él.
Lo considero elevated horror notable. Quiere abarcar más. El público también lo demanda. Por lo menos, como ya no puede ser de otra manera, una parte. El mercado se fragmenta. Se especializa. Somos cada vez más pequeños. Más conscientes. Lo que no somos nos aplasta. Nos adelanta. Nos deja atrás.
El analista final, que aparece alguna vez durante el film, es el algoritmo. Burocracia impersonal. Los magnates tecnológicos. Aquellos que quieren capitalizar ese salto hacia el futuro. La oportunidad de obtener beneficio de un misterio inabarcable.
Del que todos formamos parte. Pero más aún, lo que es más preocupante. Del que no podemos salir. Nuestro cuerpo es nuestra cárcel. Objeto de otros. Siempre frágil, expuesto. Temblorosa comunicación con el mundo.
Libremente, uno puede decidir si empuja, con más o menos violencia, los barrotes. Hoy son una pantalla.
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