Aventura anónima
Cuando era más pequeño, me quedaba algunos fines de semana en casa de mi abuela, que era donde vivía mi padre. También pasaba un mes en verano con ellos. Mis pasatiempos favoritos eran jugar y ver la televisión. Entre los diez y los quince, me obsesioné especialmente por el cine, por el que siempre había sentido un gran entusiasmo.
No recuerdo cuál fue la primera vez que fui al mercadillo de la estación, pero cuando lo descubrí iba siempre que podía. Mi prioridad era comprar películas de vídeo, por las que aún siento una indescriptible nostalgia y ternura. También compraba otras cosas, pero las cintas eran la prioridad. Así, hice una gran colección de películas.
Una de las veces encontré una que me llamó la atención por su aspecto. Solía hacer mucho calor. Yo me ponía a registrar en las cajas y en los mostradores, porque solían estar amontonadas en columnas. La película se llamaba Cuando llega la noche y me sedujo la portada. Siempre me habían gustado las panorámicas de las ciudades nocturnas. Una pareja huía de algo y me atrapó la imaginación, cuando se disparó con el flechazo. Siempre le basta el detalle más pequeño.
La compré y la vi por primera vez. Fue una sucesión de hermosas coincidencias, porque era del 84, un gran año cinematográfico. La película es una de las mejores que he visto en toda mi vida, o de las que más me ha gustado. He visto muchas películas.
Va sobre un hombre que no puede dormir. Se ha quedado atrapado en la monotonía. Ha olvidado por qué hace las cosas. Posmodernismo en estado puro. Con el tiempo, cada vez que la veía descubría detalles en ella que me llamaban más la atención y en los que veía una lógica más sencilla que la vez anterior. Me parece un proceso tan familiar que no puedo llamarlo extraño.
Esta última vez que la he visto, después de tantos años también ha sido especial. Esta vez me he sentido muy identificado con Ed, su protagonista. Así debe de ser como los americanos quieren que sean sus historias, electrizantes, originales, llenas de ritmo, armonía, frescura. Así es la película.
Pasa lo que nunca pasa. Por eso siempre se harán variantes de eso. La esperanza es rentable porque desespera. Casi toda la película es de noche. Lo primero que pensé esta vez es que simbolizaba la oscuridad de la vida cotidiana, cuando todo deja de estar claro y nos desatamos en soledad, por dentro, incapaz de sentirnos como deseamos. Gemimos tal y como somos, pero lentamente, poco a poco. Así nos conocemos realmente.
Quiero decir que la noche representaba para mí estancamiento, desenfreno, vida real, underground, lejos de la luz del discurso oficial y el orden apolíneo del día a día. Seguimos siento antiguos griegos, con ropas distintas y ipads. Pero somos los mismos.
La cultura cambia lentamente. Mientras tanto, las constantes culturales son lo primero que se distingue. La película describe una sociedad en decadencia, como cualquier otra sociedad, despreocupada de sí misma, que puede permitirse ignorar sus raíces, si es que alguna vez las conoció y que puede entregarse a la frivolidad. En este caso, pretende mostrarse como algo moralmente justo, ya que es en clave de humor, aunque sea amargo.
Me gusta la película porque está llena de sketchs absurdos e irrelevantes que rememoran el cine mudo o las comedias ligeras que sólo buscan sacar una risa floja, o fuerte, que es lo que probablemente amaba el cineasta en sus primeros años, un contador de historias que me gusta especialmente. Me gusta el color de la película, la ambientación que recrea, los diálogos, todo en ella.
Como he dicho muchas otras veces, he desarrollado un escepticismo galopante en lo que se refiere a todo aquello que se sale de mi marco conocido, especialmente, lo que más me ha conmovido, en el arte, por ejemplo. Como si se hubiera levantado un muro y no pudiera caerse. Habrá tardado mucho en levantarse. Más de lo que parece.
Quería ir tan rápido que pudiera dejarlo todo atrás, pero sigo en la misma casa, con la misma colección de películas y los mismos pequeños recuerdos agridulces de alguien que no es célebre ni exitoso en su sociedad. Sólo otro pariah, otro servil obrero desorientado, como la estrella de la cinta. Pero él es un héroe casual que seguirá ahí, cuando yo ya no esté.
Me encantaría que ese no fuese mi destino, sino otro mejor. Cualquier otro. Si atendemos a la ficción, no hay aventuras que no sean arriesgadas. Tiene que haber algo en juego. Algo importante. La vida, cualquier cosa dentro de la vida. Eso parece lo más importante. Hacemos que lo parezca o, simplemente, lo descubrimos. Mientras atendemos, es como si no hubiera nada más.
Me encantaría que ese no fuese mi destino, sino otro mejor. Cualquier otro. Si atendemos a la ficción, no hay aventuras que no sean arriesgadas. Tiene que haber algo en juego. Algo importante. La vida, cualquier cosa dentro de la vida. Eso parece lo más importante. Hacemos que lo parezca o, simplemente, lo descubrimos. Mientras atendemos, es como si no hubiera nada más.
Me gusta porque, aunque sea tan irreal, consuela ver la ilusión tan clara en su desarrollo, tan cercana, más que un libro o una conversación. Basta con sentarse a verla, una y otra vez. Siempre verás cosas nuevas, en tu interior, mientras se luce la verdadera riqueza con elegancia. Mientras pasa. Hay un intercambio de sentimientos. Yo estoy vivo y la cinta da vida. Hay muchas otras, como libros, como todo lo demás. No sabemos si hay algo bello que no sea doloroso por dentro.
Me hace sentir bien porque no tiene que ser perfecto. Basta con que sea honesto y esté bien hecho. Está hecha por gente como yo que tuvo inquietudes muy parecidas a las mías en aquel entonces. No hace tanto tiempo. El mundo es muy parecido al que había en esa época.
Yo mismo nací en esa década. He sido un idólatra toda mi vida, pero no consigo sentirme lo suficientemente culpable que debo sentirme. Realmente amo esos pequeños detalles que colman nuestras vidas vulgares, porque así es la vida real. Sucede en Hollywood, un lugar muy lejos de aquí, pero aquí hay gente triste como allí y también la hubo en el pasado.
Somos más ricos que nunca, pero la gente sigue perdiendo la orientación y la motivación como entonces. El posmodernismo no ha terminado, ni la vida real, ni los engaños, ni las distracciones, ni los golpes del destino o su ausencia. Me hace sentirme especial estar identificado con lo exterior, incluido en algo más grande que yo mismo, aunque sea de una forma tan sutil, tan abrigada por un pasado remoto del que nunca lo supe todo. Me hace sentir menos desnudo por dentro, más dispuesto a soportar lo que falte.
No he hablado de los pormenores de la película porque no me parecen importantes. Me basta con decir que es una película especial para mí de la que me acuerdo a menudo. Probablemente la vuelva a ver en el futuro. Quizá me equivoque, como siempre, pero poco a poco creo que voy asumiendo mi necesidad de escribir aquí para narrar mis pequeñas historias, casi inexistentes. Pero existen y son las mías. No tengo otras. Esto es verdad. Hablo demasiado, pero espero que me disculpen aquellos a los que molesto.
Mis obsesiones cambiaron tanto. No sabía lo que sentiría después. Quería saberlo y no bastó. Me olvidé y me cansé de lo anterior porque no tengo el control ni el poder. Paso de largo y mis sentimientos llegan a mí sin orden, sin algo que esté a mi alcance para poder dominarlo. Aún tengo sed. Aún me recreo en melancolías que no terminan. No puedo dejar de ser humano. Mi vida, la vida es así. Sé que no es una buena excusa, ni una buena explicación, pero así me siento. No puedo vivir de otra manera. No sé vivir de otra manera. Así me siento ahora, de verdad.
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