Todo el mundo tiene un sueño


No fue de mis clásicos. La vi mucho más tarde. Sabía que ya era un icono cultural, un referente que nadie ignora. Un signo de nuestro tiempo. De nuestra época. 

Pretty woman es una película célebre. Recuerdo que nuestro profesor de estadística nos dijo que cada vez que la ponen en televisión, la audiencia sube. Es como un comodín para ello. Creo que todos sabemos bien por qué. 

La había disfrutado otras veces. Esta vez ha parecido un poco más especial. Reconozco que no he sido yo el que ha puesto los sentimientos en mi corazón. La manera en que se desbordan se llama belleza. 

Si la he entendido bien, la película va de volver a confiar. De reconocer lo más difícil. Que no dejamos de soñar en la intimidad sincera de nuestro corazón. 

Creo que no sería responsable dejar de lado la eficacia técnica de los planos, la belleza de los actores, la consabida estructura de la historia. Nuestra enorme pasión por ellas. Nada añado a lo que ya es completo. 

Pero sí puedo decir que me conmueve. Los detalles importan. 

Como realmente soy muy perezoso, no espero una revolución en mi interior, nada que no sean simples sentimientos que ya conozco. 

Yo disfruto con la contemplación de la belleza. 

Quitarse el trabajo de encima de odiar a los demás es lo mejor que podemos hacer. Es agotador. 

No he deseado esta vez perseguir errores de los que soy culpable, porque desconozco su causa. 

Me quedo con la máxima de que las relaciones humanas demuestran cuánto nos necesitamos, lo maravilloso que es ser apasionado, a pesar de ser una prisión sin escape. Porque mientras tengamos miedo al abismo, no caeremos en él. 

Soy muy romántico. He sufrido por amor. Siempre quiero enamorarme. Como, en palabras de San Agustín, el que es apaleado y él mismo se ata para recibir su tortura. Es una buena descripción, a mi parecer. 

Me gusta mucho dejar aquí mi marca. No tengo más que decir que lo que ya he dicho, pero sigo teniendo sentimientos. 

Me alegro de haber nacido ser humano y poder vivir lo que todos vivimos. La vida es culpable, no nosotros. 

Todos los seres humanos hacen cosas de las que se arrepienten. No podemos dejar de buscar. Somos buscadores. Lo supremo es el misterio de la belleza, del sentido. El que no cambia. Pero no somos su totalidad. 

Como no quería irme por las ramas, intentaré ser más concreto. Nos abrimos al dolor y sobrevivimos. De la vida, sólo importa la compasión sincera, porque el grupo da apoyo. No da un triunfo continuo. No somos ganadores. Ni somos invencibles. Sufrimos. Lloramos. Eso no está mal. Sólo es real. 

Sé que nos olvidamos con tantos discursos que son el mismo, en el fondo. Sólo quiero recordarlo. Es humilde cualquier intento. Intentar es no saber. Yo me siento muy feliz de formar parte de la raza humana. 

Aunque no sea un trabajador incansable, ni un triunfador, ni un depredador de almas, me siento feliz de haberme emocionado sinceramente, toda mi vida. Terminará, pero mi emoción ha sido real. Mi pequeño homenaje a este mundo, antes de irme. 

Ojalá sea recordado, pero yo he de irme. Haré el viaje de todos. 

Somos maravillosos en este momento. Nos reímos también. Y nos recreamos en nuestros sueños. Alguna vez he conectado con los demás. Unos saben que existo y son mi apoyo en el mundo, como todos los demás. 

Soy un merodeador, una especie de vagabundo por mis sueños. Es como si escribiera música cuando escribo, pero no soy poeta, ni científico, nadie tan especial. Tal vez lo somos todos. Pero déjenme con mi pereza crónica. El alma me hace tan perezoso y complaciente. Esta es mi vieja terapia. 

El placer de una conversación es grande ahora, aunque no sea perfecta o exacta. Por eso hablamos, creo yo. Gracias por las palabras. Soy un pequeño amante de la literatura. Del relato. Siempre soy conmovido por él, en mi pensamiento. Es de todas las criaturas y a todas conmueve. Es la armonía que no termina. 

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