Dos hermanos
La primera película que voy a comentar es un film de Ivan Reitman del año 1988, "Twins". En España, se llamó "Los gemelos golpean dos veces". Aunque no os lo creáis, acabo de encontrarle sentido a la frase (...). No sé con qué edad vi esta película. Probablemente con unos cinco años. En aquella época, Arnold estaba muy de moda y era el ídolo de los adolescentes y de los hombres de mediana edad. Recogía esa esencia carismática e indescriptible (prácticamente, todo físico) del héroe de acción.
En principio, esta película no pareció impactarme mucho, pero progresivamente, me di cuenta de que contaba una historia con la que me iría identificando cada vez más. Su personaje principal, Julius, era realmente un ejemplo ideal a seguir. Me deslumbraba. En pequeños detalles de mi vida cotidiana, intentaba imitarle, aunque estuviera más lejos de él de lo que podía comprender entonces. Hasta hoy, algunas cosas de él siguen fascinándome.
En realidad, no me importa si este personaje es o no verosímil. Vivimos una época en la que nada parece imposible, más que nunca. Me gustaba todo de él, su buen corazón, su inocencia y su pureza. Esta película no parece, en principio, una producción ambiciosa. Creo que es el prototipo de mi película preferida, familiar, sencilla, emotiva. No creo que haga falta mucho más. No me considero una persona morbosa. Me gusta el cine comercial, si es de calidad. Sin embargo, tengo mucho más aprecio por las producciones de los 70, 80 y 90 que por las actuales. Para mí, ya no tienen ese espíritu. Soy un nostálgico. Suelo revisar a menudo las películas que me han emocionado de verdad. Casi todas las he visto en momentos críticos o decisivos de mi vida y, probablemente por eso, amén de su mérito particular y artístico, las recuerdo con tanto cariño.
Este realizador me encanta, su manera de narrar, la delicadeza con que maqueta su música, lo entrañable que son sus personajes. Parece que viven una época que no les tocaba vivir. Me gusta cómo se enfrentan personajes tan diferentes y cómo resuelve que se acaben necesitando. No me importa que esta película no sea verosímil. Creo que es realmente útil tenerla presente. Mi vida es mejor gracias a las películas que me han conmovido. He dedicado mucho tiempo a ver pelis. Las que más me han gustado las he visto muchas veces. Lo que me parece que hace más especial el cine que adoro es cómo los personajes acaban aceptando plenamente sus sentimientos, liberándose. Me parece catártico, terapéutico. Realmente me emociona que los personajes lleguen a ese estado, porque me hace verlos como más humanos, recuerdo entonces a los humanos reales y pienso lo mucho que puede ayudar la ficción a guiar nuestras vidas, si es bien entendida y utilizada, esto es, con una ética y una responsabilidad coherente y firme, en la medida de lo humanamente posible y deseable.
No sé cuándo volveré a ver esta pequeña joya para mí. Adoro la naturalidad de cada personaje, en especial de mi favorito, el protagonista. Supongo que soy un simple, pero no me seducen personajes con una complejidad o ambigüedad extremas. No los encuentro prácticos, aunque puntualmente me fascinen o generen curiosidad. Pienso en algún que otro personaje de Shakespeare representado en la pantalla. Hay tanto por compartir y que recordar. Este es mi pequeño grano de arena. Basta que a alguien le pueda servir algún día para que haya merecido la pena. Quiero creer que a mí me sirve en este momento. No me arrepiento de haber seguido escribiendo. Todo lo contrario. Es de los avances más firmes y continuados que he podido experimentar en mi cambiante existencia.
Probablemente, me queden algunas lecciones que aprender de esta obra. Lo bueno del arte es su reinterpretación y ampliación. Nunca sabes lo que sentirás después, qué sentimientos moverá en tu interior. Nos pregunta directamente. Vemos una parte de nosotros mismos. Por eso sentimos empatía. Una obra debe ser abierta. El arte no puede contener en sí todas sus interpretaciones. Debe invitar a nuevas y frescas lecturas. Eso es, al menos, lo que yo he experimentado.
Invito a los que disfruten de comedias sencillas con un toque de ternura a disfrutar de "Los gemelos golpean dos veces". Probablemente, no fuera el único niño que se fascinó al ver a ese musculoso grandullón llegar a un lugar desconocido y hacer semejantes proezas. Guardo en mi corazón esas fantasías junto a todas las demás. Va por Julius.

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